Cóndores no cazan todos los días: Un encuentro inesperado.

La invitación de epm en el Edificio Inteligente de Medellín, lo hizo posible.


Aprendiendo del Maestro

🎙️

Hay momentos que se posan en la memoria como si el tiempo mismo se detuviera a mirarlos.
Fue un día cualquiera de febrero del 2020, pero en mi corazón quedó como uno de esos instantes que se vuelven eternos.

Un hombre mayor se me acercó con paso pausado y me dijo, con un dejo de dolor y humildad:
—Déjame hacer aquí, que me está doliendo mucho esta rodilla.

Le ofrecí asiento sin pensarlo, y mientras tomaba aire, me extendió la mano y pronunció su nombre con serenidad y orgullo:
—Mucho gusto, Pastor Londoño Pasos.

Asombrosa memoria

Sentí que el aire se me llenaba de historia. No todos los días la vida te pone frente a un cóndor del periodismo deportivo.
“Cóndores no cazan todos los días”, me repetí en silencio.

Aproveché el milagro de ese encuentro. Hablamos de ciclismo, su pasión eterna, y en un juego de recuerdos comenzó el diálogo que parecía una carrera de relevos entre generaciones.

—El Tigrillo.
—Rubén Darío Gómez, pereirano, de baja estatura, muy buen escalador.

—El Cóndor.
—Álvaro Pachón, cundinamarqués, excelente ciclista, ganó la Vuelta a México y una Vuelta a Colombia.

—Calambres.
—Manuel Puerto —dijo, sonriendo con picardía. -Primer campeón de la vuelta de la Juventud Colombiana.

—El Águila Negra
—Jorge Luque, cundinamarqués, muy desobediente, pero muy buen ciclista.

—Pablo Hernández.
—De origen cundinamarqués, pero corría por Pereira. Excelente ciclista, se retiró joven, pero de muy buenas condiciones.

—El Interminable.
—Carlitos Montoya, del Valle, siempre entre los cuatro primeros.

Cada respuesta era un destello de memoria, una postal viva de las glorias del pedal.
Pero la conversación, como buena charla entre apasionados del deporte, dio un giro natural hacia el fútbol.

—¿Cuál ha sido el mejor jugador extranjero que ha visto en Colombia? —le pregunté.
—Alfredo Di Stéfano —respondió sin dudar—

—¿Y de los nuestros?

-Maravilla
—Delio Gamboa —dijo con brillo en los ojos—. Excelente jugador de Buenaventura, longilíneo, muy buen cabeceador. Fue selección Colombia.

—¿Y en el arco, maestro?
—El Caimán

Efraín Sánchez —recordó—. Barranquillero, excelente arquero.

—¿Y Cobo?
—Francisco Zuluaga —me respondió—. Back centro, colombiano, antioqueño, jugó en Nacional y también en Millonarios.

Así, entre nombres, apodos y recuerdos, su voz se convirtió en un puente entre épocas.
Cada frase era una lección de historia, cada gesto una muestra de amor por el deporte y por su oficio de narrar la vida.

En su voz había sabiduría; en su mirada, fuego.
Y en mí, una emoción profunda: la de haber compartido minutos con un grande.
Porque sí… los cóndores no cazan todos los días.
Y ese día tuve la fortuna de encontrarme con uno.

Meses después de ese inolvidable encuentro, su voz se silencia para siempre. Fallece el 29 de julio del mismo 2020 dejando un gran legado como locutor y narrador deportivo.

“Conocí a don Pastor, excelente persona. Trabajamos juntos

Delicioso compartir

en varias emisoras de Medellín en el Programa Pastor Londoño informa. Le cuento mi amigo Wilson que, estuviste de buena suerte que te haya concedido esta entrevista. El ya no tocaba temas de su vida profesional”, Henry Montoya, locutor y periodista antioqueño.

Sabor periodístico

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